Que toda la Iglesia somos Pueblo de Dios con diferentes carismas, vocaciones y ministerios nos interpela a todos los bautizados a mirarnos si estamos desempeñando nuestra misión y si lo estamos haciendo sinodalmente, es decir, caminando juntos y juntas. Nuestra historia de clericalismo ha deformado las distintas vocaciones y ministerios y eso está exigiendo a todos a recetear nuestra vivencia de la fe y nuestra pertenencia a la Iglesia. Las mujeres y los laicos deben tomar sus lugares y los sacerdotes deben hacer el sitio en igualdad de dignidad.. Es muy incipiente la participación de mujeres y laicos en los lugares de reflexión y decisión y eso amerita una conversión de relaciones y de estructuras. So pena de no escandalizar a algunas personas, vamos a perder a más mujeres y laicos que no encuentran su sitio en la Iglesia. El reto grande que hoy tienen nuestras comunidades es incorporar el discernimiento en el Espíritu para que todos y todas sintamos nuestra vocación y misión.
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